Brasil – El Poder de las Plantas Medicinales y la Sabiduría del Amazonas

Hay viajes que te cambian.
Y hay otros… que te transforman desde la raíz.
Brasil fue uno de esos.

Recuerdo que llegué con una sola misión:
aprender directamente de quienes sanan con las plantas,
no desde la teoría, sino desde la selva.

Me interné en la Amazonía con un objetivo muy claro:
conocer a los verdaderos guardianes de la medicina natural.
Los pueblos originarios que, sin laboratorios ni recetas farmacéuticas,
han sabido sostener la salud de generaciones enteras.

Estuve con tribus y curanderos que me abrieron las puertas de su sabiduría.
Vi cómo seleccionaban las plantas.
Cómo las preparaban.
Cómo las administraban…
y, sobre todo, cómo las respetaban.

Porque para ellos, una planta no es una cosa.
Es un ser vivo con espíritu, con historia, con propósito.

Y si no hay respeto,
no hay sanación.

Allí entendí el verdadero poder de la fitoterapia:
No es solo usar plantas.
Es usar el conocimiento profundo, ancestral y espiritual que hay detrás de cada una.

Aprendí a identificar especies que jamás había visto.
A entender combinaciones.
A reconocer el lenguaje de la selva.
Y sobre todo,
a honrar a la naturaleza como el mejor laboratorio de la creación.

Una de las enseñanzas más fuertes que me dejó Brasil fue esta:
El cuerpo no se intoxica solo por lo que come…
sino por lo que reprime, por lo que calla, por lo que olvida.

Y por eso, los pueblos amazónicos no solo purifican el cuerpo…
también purifican el alma.

Integré muchas de estas prácticas en La Terapia DNS,
especialmente en los protocolos de depuración y en el uso respetuoso de extractos, infusiones y combinaciones herbales.

Desde entonces, cada vez que recomiendo una planta medicinal,
lo hago con una reverencia interior…
recordando que esa planta fue creada por Dios,
y que alguien en la selva me enseñó a valorarla.

Brasil me dejó marcado con fuego.
No solo como terapeuta…
sino como ser humano.

Y cada paciente que ha sanado gracias a las hierbas que aprendí allá,
es también parte de ese legado que no me pertenece,
porque me fue entregado para compartirlo.

¿Y tú… cuántas veces has buscado afuera lo que la tierra te da?
¿Hace cuánto no miras una planta como una aliada,
y no como una simple hoja?

Porque hay medicina que no se estudia en libros…
se hereda con humildad, se aprende con respeto
y se comparte con amor.